A sus 73 años, Ramiro es un hombre que lleva la mecánica y la chapistería en la sangre. Nacido en Holguín, pero habanero por elección desde hace 48 años, ha dedicado su vida a reparar y construir con “todo lo que aparece”.
Desde los años 70, comenzó su camino en la chapistería, arreglando refrigeradores, lavadoras y “cualquier cosa que necesitara una segunda oportunidad”.
Su ingenio lo lleva a crear soluciones únicas, ejemplo de ello es uno de los equipos que utiliza: un motor de lavadora rusa mueve un disco para devastar.
Además, dobla y da forma manualmente a cada una de las láminas metálicas que utiliza.
Con hierros y herramientas sobre la acera de la calle Genios, en La Habana, Ramiro da vida a lo desgastado.
La calle es su taller. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las chispas vuelan en la acera, donde Ramiro mantiene vivo su oficio a pesar de las dificultades. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Cada soldadura es un puente entre lo viejo y lo nuevo. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Ramiro repara cualquier cosa que necesite una segunda oportunidad. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las manos que han moldeado metal por más de 50 años siguen trabajando en las calles de La Habana. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
El motor de una vieja lavadora rusa se convierte en una herramienta clave en su taller improvisado. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
El motor de una vieja lavadora rusa se convierte en una herramienta clave en su taller improvisado. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las chispas vuelan por todos lados. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Desde los años 70, comenzó su camino en la chapistería. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Ramiro es un hombre que lleva la mecánica y la chapistería en la sangre. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Su talento y determinación reemplazan la maquinaria que ya no tiene. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.